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Lo que no te han contado sobre el reciclaje

Rechazar, Reducir, Reutilizar, Reciclar, Rot (compostar).

El ‘reciclaje’ forma parte de la regla de las 5Rs de la ecología. Pero hay un buen motivo para que ocupe el penúltimo lugar.

Lo primero es rechazar, reducir y reutilizar. Es decir, consumir menos y aprovechar más.

Abandonar la mentalidad de ‘usar y tirar’.

Cuando ya no tenemos alternativa y tenemos que comprar un producto nuevo, es cuando debemos buscar una solución que sea fácilmente recuperable.

Porque los productos que tiramos a la basura —aunque sea en el contenedor correcto— no desaparecen por arte de magia.

Una gran parte de ellos no se recicla, sino que se incinera, arroja en vertederos, exporta a países asiáticos. O peor, termina en nuestros océanos.

De hecho, según datos de Greenpeace*, casi el 80% de los envases acaban en vertederos, incinerados o arrojados al medio ambiente.

De las 1.526.347 toneladas de envases de plástico que se produjeron en 2016 en nuestro país, aproximadamente:

  • El 51% fue a parar a un vertedero
  • El 11% terminó en una incineradora
  • El 18% se exportó

El reciclaje es un sistema ineficiente por distintos motivos que van desde la falta de transparencia de las administraciones y empresas de reciclaje, hasta la incapacidad para reciclar algunos tipos de envases (especialmente de plástico) y sus elementos.

En este artículo intentaré resumir los principales motivos por los que el reciclaje no es lo que nos quieren vender y, desde luego, no es la solución.

Las confusas cifras del reciclaje

El primer motivo por el que no podemos confiar en el reciclaje es que simplemente no tenemos suficientes datos para saber cómo de bien o mal se están haciendo las cosas.

Necesitaríamos disponer de datos fiables y comparables entre sí sobre cuántos envases de plástico se producen y cuántos terminan siendo correctamente reciclados. Pero no los tenemos.

Los datos aportados por Ecoembes, la entidad que domina la gestión de residuos en España (te hablo más adelante de ella), sitúan los envases ligeros reciclados en el 77,1%.

Para el MITECO (Ministerio de Transición Ecológica) el reciclaje de envases de plástico estaría en el 45,46%.

Sin embargo, el informe maldito plástico de Greenpeace toma como referencia los datos de comunidades autónomas y ayuntamientos. Y la diferencia en el resultado resulta chocante.

Desde esta perspectiva, el nivel de recuperación/reciclaje estaría muy lejos del 77,1% reflejado en los datos de Ecoembes o del 45,46% deL MITECO.

El porcentaje de recuperación/reciclaje de envases de plásticos en España estaría, en realidad, en torno al 25,4%.

La Eurostat (Oficina Europea de Estadística) sitúa este porcentaje en el 33,3% una cifra ligeramente más positiva. Pero en todo caso, muy baja si la comparamos con el 45% de media del resto de países de la UE.

Separar no es sinónimo de reciclar

Mucha gente cree que separar el plástico, el papel y el vidrio es lo mismo que reciclar. Pero lo cierto es que separar sólo es la primera etapa del proceso del reciclaje del plástico.

Nadie duda de la importancia de separar los residuos en el contenedor. Simplemente necesitamos saber que no es suficiente.

Hace falta preguntarse qué pasa después y, sobre todo, qué podemos hacer para evitar generar residuos en primer lugar.

Según cálculos de Greenpeace, de todo el plástico que llega a las plantas de tratamiento sólo el 38,64% termina siendo efectivamente recuperado.

(Debido a la falta de transparencia de la que hablaba, es importante que tengas en cuenta que a esta cifra se llega cruzando distintos datos que no son 100% comparables entre sí, por lo que es más bien una aproximación.)

Pero, ¿por qué sucede esto? ¿Qué sentido tiene separar si el siguiente paso no es reciclar?

Uno de los principales motivos es que no todos los productos y envases de plástico son realmente reciclables. Por ejemplo, no se recuperan:

  • Los que están mezclados con otros residuos. Las empresas de reciclaje españolas calculan que en torno al 30% de los materiales que reciben son impropios, es decir, que no no son aptos para reciclar en sus plantas de reciclaje.
  • Los productos y envases que contienen PVC o los plásticos etiquetados como “tipo 7”. Los envases que contienen distintos tipos de plásticos son un ejemplo. Muchas veces no se pueden reciclar o no es rentable hacerlo. Es más económico crear nuevos envases que reciclar lo que ya existe.
  • Los plásticos pequeños (con dimensiones inferiores a 80-100mm). Los sistemas de clasificación de las plantas de tratamiento no pueden separarlos correctamente y acaban considerados como residuos generales.
  • Las pegatinas de los productos y envases. Según parece, pueden llegar a ser más difíciles de reciclar que los propios envases de plástico.

El negocio del reciclaje

Por otro lado hay que pensar que las plantas de reciclaje son empresas y como tales, se rigen por criterios de beneficios económicos. O dicho de otra manera, reciclan lo que les interesa.

Te la mencioné de pasada, pero déjame que te cuente un poco más sobre Ecoembes, que se encarga de la mayor parte de la gestión de residuos procedentes del contenedor amarillo (plástico, latas de acero y aluminio y briks) en nuestro país.

En teoría es una organización sin ánimo de lucro… pero lucro sí hay, porque se gestiona bajo la empresa Ecoembalajes España S. A. que facturó 494,1 millones de euros en 2016.

Y lo que es más: en su junta de accionistas podemos encontrar a empresas como Bimbo, Colgate, Danone, Gallina Blanca, l’Oreal, Nestlé y PepsiCo.

Teniendo en cuenta todo esto, quizás no resulte tan extraño que Ecoembes y Ecovidrio (su homóloga para cartón y papel) se opongan firmemente a aquellas medidas que les supongan más costes.

Esto es lo que sucede precisamente con el sistema de retorno de envases (SDDR) , un sistema que funciona en países como Alemania, Finlandia o Dinamarca con niveles de retorno que llegan hasta el 98,5%, como sucede en el caso de Alemania.

Reciclaje: ¿compromiso medioambiental o falacia?

La importancia del reciclaje comenzó a hacerse evidente a medida que íbamos viendo las tremendas consecuencias medioambientales del insostenible modelo de ‘usar y tirar’.

Y ahí muchas empresas se dieron cuenta de que «lo verde vende más» y aprovecharon el filón.

Tenemos que ser conscientes de que muchas marcas usan la sostenibilidad con una intención comercial. Nos dicen que sus productos son ecológicos y reciclables, pero sus afirmaciones distan mucho de la realidad.

Uno de los ejemplos más obvios es el caso del agua en tetrabricks. ¿Alguna vez has oído eso de «boxed water is better»?

Agua en caja, ¿mejor?
Agua en caja, ¿mejor?

Nos venden una imagen de compromiso con el medioambiente y uso de envases reciclables.

Pero lo que no nos cuentan es que en realidad el tetrabrick es uno de los envases más complejos de reciclar y no es posible recuperarlo al 100%.

Puedes pensar en los tetrabricks como en una especie de sandwich de cartón, plástico y aluminio y en España no hay ni una sola planta de reciclaje para este material.

Cuando un tetrabrick llega a una planta de reciclaje , el 75% del cartón presente en su composición se separa fácilmente y unas máquinas deshacen las fibras del cartón. Pero el 25% de plástico y aluminio presente en estos envases no se recicla, sino que termina en el vertedero.

¿Adónde va lo que no se recicla?

Una playa paradisiaca llena de plástico
Una playa paradisiaca llena de plástico

Responder a esta pregunta es la mejor manera de darse cuenta de que el reciclaje, definitivamente, no es la solución.

Porque la basura que no se recicla se arroja a vertederos, se exporta, se incinera o se vierte en nuestros océanos.

Y ‘exportar residuos’ es una manera poco clara de decir que estos residuos son transportados a otros países (principalmente asiáticos, como Hong Kong, India, Malasia o Vietnam) donde, finalmente, son arrojados en vertederos o quemados.

En estos países se comercia con la basura, en muchos casos ilegalmente, en condiciones en las que no se puede garantizar qué sucede con los residuos y cuáles son las consecuencias para la población local.

El negocio de la compraventa de basura es muy lucrativo: se calcula el valor de las importaciones de desechos plásticos de China y Hong Kong entre 1988 y 2016 en 81.000 millones de dólares. Aunque parece que el negocio está desmoronándose y ya no es tan rentable. Es tanta la basura que occidente envía a Asia y de tan mala calidad, que en Enero de 2018 China prohibió terminantemente la entrada de este tipo de residuos.

Y a partir de ahí comienzan las consecuencias.

Una vez que los residuos plásticos llegan a un vertedero o al mar, pueden pasar cientos de años hasta su descomposición.

De hecho, este es uno de los principales motivos por los que el plástico ha triunfado tanto como material: porque dura, dura y dura. Y ahí está precisamente su peligro.

Se estima que entre 8 y 12 millones de toneladas de plástico llegan cada año a nuestros mares y océanos, con un impacto medioambiental devastador para la vida marina.

Según datos de la UNESCO , 1.000.000 de aves marinas y 100.000 animales marinos mueren al año por ingerir plásticos o quedar enredados en ellos.

El panorama en el caso de la incineración tampoco es alentador. Numerosos estudios han demostrado los riesgos de la incineración de residuos para la contaminación medioambiental, para la salud de los trabajadores de las plantas y para las poblaciones cercanas en general.

A la vista de todo ello, está claro que no podemos convertir al reciclaje de plásticos en el elemento central del que depende la salud de nuestro planeta.

Todo debe comenzar antes. En la reducción del consumo de plásticos, en la no generación de residuos.

En un sistema circular que subsane las carencias, riesgos y peligros y de nuestro actual modelo de usar y tirar.

*Según datos del MITECO y del PEMAR. El MITECO es el Ministerio para la Transición Ecológica, mientras que el PEMAR es el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos. Los datos usados pueden encontrarse en el informe de Greenpeace maldito plástico ’, en España se produjeron durante 2016 1.526.347 toneladas de envases de plástico.